Terminé hace unos días de hacer una remodelación total de mi dormitorio. Finalmente hoy pude disfrutar de mi renovado spot, y lo hice sentada como indio sobre mi cama (con las sábanas recién cambiadas), escuchando música en aleatorio y chusmeando páginas del internet con la compu sobre mis piernas. Hay algo muy íntimo y medio místico en estar frente TU computadora. Me parece un momento casi sublime. No es lo mismo que estar con el celular; no sé con exactitud el por qué, pero es distinto. O sí lo sé. La computadora es como otra experiencia en su totalidad, que excluye por su naturaleza y formato el doomscrolling y básicamente el tener el cerebro dividido en 80 partes interdependientes, cada una habitando en una notificación y aplicación distinta. El celular, en ese sentido, me parece casi un objeto maldito, una tecnología cronófaga que se (re)apropia de tu tiempo. Hay algo del estar frente a la computadora que habilita otro tipo de concentración, otra intimidad. Justamente, otra relación con el tiempo.
Dicho eso, a lo que nos compete.
En ese estado estaba navegando por The Internet Archive y me encontré con un archivo de una performance de Marina Abramović. Es una artista que ví muuuuuuucho en la facultad, sobre todo en materias de arte contemporáneo y similares. Una figura clásica e icónica dentro del mundo de la performance. Por eso ya había visto muchas de sus obras, pero esta en particular me apareció casi de casualidad: Art Must Be Beautiful, Artist Must Be Beautiful.
Es un video de cinco minutos y trece segundos. Ella aparece peinándose: en la mano derecha tiene un cepillo, en la izquierda un peine. Mira a un punto fijo, como si estuviera frente a un espejo, y se cepilla simultáneamente con ambos objetos mientras repite la frase que le da título a la performance. Una lectura connotada pero primaria dentro de ella, diría que tiene que ver con esta exigencia de que no solo lo que producís debe ser bello, sino que vos también tenés que serlo. Como si el sentido de la obra se completara en la belleza del cuerpo del artista.
Y esto, claramente, se potencia cuando se piensa en que Abramović es mujer. A ver, no es ninguna novedad ni estoy descubriendo América (pd: malditos colonizadores) que las exigencias sobre la producción femenina no funcionan igual: muchas veces una mujer puede ser rara, excéntrica, incluso incómoda, siempre y cuando sea bella dentro de ciertos estándares. Puede salirse de la norma, pero no del canon. No puede ser simplemente RARA. Tiene que ser bella mientras lo es.
(Parafraseo aca a la unica e inigualable SoyunaPringada diciendo que los tipos siempre quieren una mina rara mientras que el “ser rara” implique saber menos que ellos para que te puedan explicar todo, que cuando es rara de verdad ya no les gusta ajjsjsjsjsjsjj)
Mientras veía esta performance, tenía de fondo, muy de fondo, YouTube en aleatorio con performances en vivo de música. Y justo apareció First Love / Late Spring de Mitski. Fue un día en el que estuve muy a full con Mitski, escuchándola todo el tiempo, pensando mucho en sus presentaciones, en su forma de estar en escena. Y ese cruce no me pareció casual.
La canción habla de muchas cosas, pero entre ellas está esta idea de las exigencias, de la presión por ser alguien que uno no es. Mitski lo aborda desde el lugar de la edad, de crecer antes de tiempo, pero también aparece la belleza, la aceptación que viene desde la belleza, y el ser ese “yo ideal” para el otro. Ese pedido por no recibir un “te amo” es el producto de un miedo latente por ser amada y vista unicamente desde esta versión obligada y perfecta de una misma. Desde la versión curada de lo que supo ser nuestra identidad.
Me pareció muy fuerte que estas dos piezas se cruzaran en una misma noche de jueves, casi sin buscarlo. Y eso me dio ganas de escribir sobre esto.
Pensando un poco más allá de la belleza física en la performance de Marina, también me resuena otra cosa: la idea de que lo que producimos tiene que reflejar siempre la mejor versión de nosotros mismos. Como si no existiera la prueba y el error, el intento, el borrador, el aprendizaje. Solo existen versiones finales. Versiones cerradas, inmaculadas e irrefutables.
Esto conecta mucho con Mitski también. Esta idea del “yo superior” intocable, que nuestro entorno nos exige ser y al que, inevitablemente, también nos sometemos.
No hace tanto vi un reel en Instagram de una chica que decía que no hace falta esperar a ser tu versión perfecta para empezar a producir. Que no tenés que esperar a que lo que hagas te represente al 100%. Justamente producir es encontrarte en el camino.
No existe ese momento de “listo, llegué, esto es todo lo que soy”. La identidad es cíclica, cambia todo el tiempo. Entonces, si uno espera a ser esa versión perfecta para compartir lo que hace, nunca lo haría realmente. Es una carrera contra la nada misma. Correr detrás de un imperativo productivista, hiperpositivo, aplicado a algo que no debería funcionar bajo esa lógica. Que difícil es igual despegarnos de esta tendencia masiva de medir todo con el parámetro de lo productivo y funcional. Byung Chul Han nos habla un poco sobre eso en "La Sociedad del Cansancio" (2010). Cito:
“La sociedad del siglo XXI ya no es disciplinaria, sino una sociedad del rendimiento. Ya no vivimos bajo el mandato del ‘no puedes’, sino bajo el mandato del ‘puedes’, de la maximización del rendimiento. En ella, los individuos no sufren una explotación externa, sino que se autoexplotan con entusiasmo hasta colapsar; son a la vez explotadores y explotados, víctimas y verdugos de sí mismos."
A mí personalmente esto me pasa mucho, incluso con este blog. Nunca estoy satisfecha con lo que escribo. Siento que tengo que saber más, tener más información, más conocimiento, ser más de nicho, hablar de temas que nadie haya tocado. Y cuando uno lo piensa en profundidad, es bastante vacío y carente de alma este pensamiento. Porque siempre que uno tenga ganas de hablar de algo, ya por el solo hecho de hablarlo desde un lugar genuino, está haciendo algo distinto o “auténtico”. Nunca va a ser igual a lo de otro.
Creo que de esta coalición entre Marina Abramović, Mitski y ese momento específico me quedo con eso: valorar más lo que uno produce y quién es uno en ese proceso. Simplemente arrancar a hacer, sin pensar demasiado en cómo debería de ser. Es loquisimo aparte que cuanta más libertad te das para crear, mejores cosas salen. Doy fe.
En el último año incorporé bastante esta idea de que si quiero hacer algo, lo hago y ya. Me apareció una vez un tuit de Erykah Badu que decía: “If I want it, I create it”. Y parece simple, es muy difícil, pero es clave para encarnar la contracultura a favor de lo real.
Creo que hay una especie de epidemia de desconfianza en uno mismo. Estamos tan saturados de información, imágenes e identidades posibles que no confiamos en lo que podemos ser. Nuestra identidad está tan desdibujada con la del otro que cuesta encontrar una base firme. Podemos ser tantas cosas al mismo tiempo que entonces, sentimos que no somos nada.
Tal vez eso estuvo siempre ahí, el no conocerse del todo, o con total seguridad. No sé si alguna vez se logra algo tan inmenso. Pero la saturación contemporánea hace que sea todavía más difícil sentirnos parte de algo, incluso cuando somos parte de todo. Y creo que eso es algo que nos atraviesa profundamente hoy.
Quizás el “hacer” dentro de esa búsqueda permanente es lo que “hace” al vivir.
Así que nada amigos, los invito a fallar. A pifiar feooooooo. Anotate en un curso y hacé un papelón en la primera clase. Escribí poesía de mierda. Comprate una guitarra y errarle a todos los acordes. Interpreta mal las películas, los libros. Mandá el mensaje que querés mandar. Enamorate de la persona equivocada. Llorá por cosas sin aparente importancia.
Propongo alejarnos de la idea de vivir siendo nuestra propia versión ideal. De hecho, propongo vivir, con todo lo que eso conlleva y cuesta.
Todo es una victoria, un triunfo, si la meta es la experiencia.
Atentamente,
- lula